La promesa incumplida de los medicamentos oncológicos eficaces cuyos precios los hacen inaccesibles



Título original: The unfulfilled promise of effective cancer medicines priced beyond reach

Autores: Christopher M. Booth, Carolyn Taylor, Christopher G. C. A. Jackson, Michelle Tregear, Manju Sengar, Brooke E. Wilson, Ian F. Tannock, Bishal Gyawali, Scott R. Berry, Haydeé Verduzco-Aguirre, Craig Leroux y Richard Sullivan.

Publicado en: The Lancet Oncology. Noviembre de 2026.

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Cuando la innovación no llega a los pacientes

¿De qué sirve desarrollar un tratamiento que mejora significativamente la supervivencia de los pacientes con cáncer si su precio hace que la mayoría no pueda acceder a él?

Esta es la pregunta central que plantea este interesante comentario publicado en The Lancet Oncology, que utiliza el ejemplo de daraxonrasib, un nuevo inhibidor de RAS(ON) para el cáncer de páncreas avanzado, para poner de manifiesto uno de los grandes problemas actuales de la oncología: la creciente desconexión entre innovación terapéutica, precio y acceso.

Los resultados del ensayo RASolute302, presentados en ASCO 2026, mostraron un beneficio clínicamente relevante en pacientes con cáncer de páncreas avanzado previamente tratados, con una mejora de siete meses en la mediana de supervivencia global frente a quimioterapia, además de una mejor calidad de vida. Un avance especialmente importante en una enfermedad con un pronóstico tan desfavorable.

Sin embargo, la celebración de estos resultados dio paso rápidamente a otra realidad: el precio anunciado por el fabricante en Estados Unidos, 39.800 dólares mensuales, aproximadamente 480.000 dólares anuales por paciente.

El artículo analiza cómo este precio puede comprometer el acceso al tratamiento incluso en países de renta alta, donde los sistemas de evaluación de tecnologías sanitarias pueden considerar que el medicamento no es coste-efectivo. La situación es todavía más preocupante en países de renta media y baja, donde el coste mensual puede superar ampliamente los ingresos anuales per cápita.

El problema no es solo cuánto cuesta un medicamento

Los autores recuerdan que el incremento continuado del precio de los medicamentos oncológicos no es un fenómeno nuevo, pero sí una tendencia que parece haberse normalizado.

El sistema estadounidense, con importantes limitaciones para negociar los precios de lanzamiento y sin un mecanismo general de evaluación económica que condicione la financiación, ofrece a las compañías farmacéuticas una posición privilegiada para fijar precios. Además, estos precios tienen repercusiones internacionales, ya que condicionan las estrategias comerciales y de lanzamiento en otros mercados.

El artículo cuestiona también que el precio de los medicamentos guarde una relación directa con el beneficio clínico que aportan o con los costes reales de investigación y desarrollo. La pregunta que plantean los autores es fundamental: ¿Cuándo deja el beneficio empresarial de ser legítimo para convertirse en un modelo insostenible e injusto?

Innovación sin acceso no es progreso

Una de las ideas más importantes del artículo es que la innovación terapéutica no puede evaluarse exclusivamente desde el punto de vista científico. El beneficio clínico, el precio, el valor y la capacidad de los sistemas sanitarios para financiar los tratamientos deben formar parte de una misma conversación.

Como recuerdan los autores, no se trata de cuestionar la necesidad de recompensar la innovación ni de negar que los avances terapéuticos importantes merecen precios acordes con su beneficio. Se trata de diferenciar los avances verdaderamente relevantes de las mejoras marginales y de evitar que los precios hagan imposible que los pacientes se beneficien de ellos.

Los autores proponen una respuesta colectiva de oncólogos, investigadores, sociedades científicas, organizaciones de pacientes, reguladores y responsables políticos para defender modelos de precios más justos y sostenibles. También apuntan a la experiencia del activismo en VIH/SIDA como ejemplo de cómo la movilización social y sanitaria puede contribuir a cambiar las reglas de acceso a los medicamentos.

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