El poder de decir “no lo sé” en oncología
Este enfoque está inspirado en el artículo de ASCO “The Power of ‘I Don’t Know’” publicado en Journal of Clinical Oncology, Art of Oncology. Puedes leer el texto original aquí: The Power of “I Don't Know” | Journal of Clinical Oncology
En la consulta oncológica hay una pregunta que aparece siempre en el momento más silencioso, cuando ya se han explicado los tratamientos, los efectos secundarios y el calendario:“¿Va a funcionar?”
Es una pregunta legítima. Y, sin embargo, muchas veces no tiene una respuesta honesta en forma de sí o no. Como oncólogos, trabajamos rodeados de curvas de supervivencia, hazard ratios y probabilidades. Sabemos interpretar Kaplan–Meier con precisión quirúrgica. Pero nuestros pacientes no viven en intervalos de confianza: viven en el terreno de lo absoluto. Quieren saber si estarán vivos el año que viene, si podrán hacer ese viaje pendiente, si verán crecer a sus nietos.
Y muchas veces, la verdad es incómoda: No lo sabemos.
La tentación de aparentar certeza
Nuestra formación nos empuja, casi de forma inconsciente, a suavizar la incertidumbre. A transformar probabilidades en predicciones. A redondear hacia el optimismo. A hablar con seguridad incluso cuando los datos son escasos o poco aplicables al paciente concreto que tenemos delante.
Durante la residencia, la incertidumbre se diluye en la jerarquía: si no sabemos algo, alguien “por encima” quizá lo sepa. En la práctica independiente, esa red desaparece. La pregunta va directa al oncólogo responsable. Y el peso de la incertidumbre también.
Decir “no lo sé” parece, a primera vista, una renuncia. Pero en realidad puede ser todo lo contrario.
Decir “no lo sé” no es abandonar al paciente
Cuando decimos “no lo sé”, pero añadimos:
qué sí sabemos
cuál es el objetivo del tratamiento
qué podemos esperar razonablemente
qué haremos si las cosas no van bien
que estaremos presentes durante todo el proceso
ocurre algo interesante: los pacientes no se alejan, se acercan.
La incertidumbre nombrada abre la puerta a conversaciones más profundas. Ya no se trata solo de controlar el tumor, sino de entender qué es importante para esa persona: calidad de vida, autonomía, tiempo, proyectos, despedidas que aún no se han hecho.
La honestidad genera confianza. La falsa certeza, cuando se rompe (y a menudo se rompe), la destruye.
La oncología no es solo biología, es relación
Los tratamientos pueden no cambiar la historia natural de la enfermedad. Pero la forma en que acompañamos al paciente sí cambia su experiencia de la enfermedad.
Decir “no lo sé” no significa “no tengo nada que ofrecer”. Significa:
“No voy a fingir certezas que no existen, pero voy a caminar contigo en esta incertidumbre.”
Ese posicionamiento permite alinear las decisiones terapéuticas con los valores del paciente, ajustar la intensidad del tratamiento, planificar mejor los siguientes pasos y, llegado el momento, transitar hacia los cuidados paliativos sin sensación de engaño o fracaso.
Transformar la incertidumbre en un plan
La oncología moderna se apoya en probabilidades, pero la confianza se construye con honestidad. Cuando aceptamos los límites de nuestro conocimiento, podemos centrar la conversación en lo que sí está bajo nuestro control:
los objetivos del tratamiento
el balance beneficio–toxicidad
el acompañamiento continuo
la toma de decisiones compartida
Desde ahí, la incertidumbre deja de ser un vacío y se convierte en un plan basado en confianza.
Reflexión final
Aprender a decir “no lo sé” es una de las lecciones más difíciles —y más humanas— de la oncología. No debilita nuestra autoridad clínica; la refuerza. No elimina la esperanza; la redefine.


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